LAS CULTURAS POPULARES Y LA CREACIÓN
ARTÍSTICO / INTELECTUAL
Adriano Corrales Arias*
Según el concepto antropológico del “relativismo cultural” la cultura es un proceso colectivo de creación y recreación, es decir un proceso dinámico que puede ser transferido de grupo a grupo para ser aceptado, reinterpretado o rechazado; por eso no podemos hablar de una cultura superior y de una inferior. El concepto cultural por excelencia, en todo caso, sería el de la diferencia: son las diferencias las que enriquecen el acervo cultural local, regional, nacional o universal.
En el flujo vital de las culturas se hace imprescindible la tolerancia para el reconocimiento del otro, o de los otros. El concepto de la otredad es fundamental para comprender e interpretar la identidad de un conglomerado social y sus diversas prácticas culturales. Si entendemos que no hay una cultura “única” sino que en un espacio histórico determinado conviven varias culturas, sean estas abordadas desde el punto de vista sociológico o antropológico (cultura burguesa-cultura proletaria-campesina; o cultura de élite, culturas de masas y culturas populares), entonces las imposiciones culturales (aculturación) al estilo colonial o neocolonial, o a través de las instituciones del estado y sus políticas culturales (educación, academias de bellas artes, ministerios de cultura, etc.), o de los medios masivos de comunicación, son indeseables porque neutralizan y cooptan aquellos campos culturales más desprotegidos.
En la “globalización” (bajo esquema neoliberal), la imposición de una “cultura universal” (que en realidad es la cultura de las metrópolis financieras y políticas, devenidas - en el actual mundo unipolar - en la cultura norteamericana del “american way of life”) es un retroceso de aquella conceptualización de la cultura desde el “relativismo cultural”, pues ciertamente cierra la posibilidad de la convivencia de diferentes culturas y sus campos culturales específicos, y abandona la tolerancia como medio pacífico de entendernos los unos con los otros. Claro, dentro del sistema capitalista mundial, la historia de las invasiones culturales no es nueva, pero antes de la caída del Muro de Berlín parecía que el mundo se encaminaba hacia una propuesta multicultural y multilingüe, proceso iniciado con los proyectos de liberación nacional de los pueblos del tercer mundo. La actual propuesta guerrerista e intolerante, por lo tanto fundamentalista, de la nación más poderosa y su estilo de vida trivializado por la parafernalia tecnológica virtual y los “mass media”, es el reto que tienen ante sí las culturas populares del mundo entero.
En las actuales condiciones de la internacionalización, o mundialización, de la economía y de la venta de las instituciones y empresas del estado (aplicada a los países periféricos, jamás a los del “primer mundo”), especialmente a transnacionales de ese primer mundo, probablemente ya no podamos hablar de estados / naciones y de culturas nacionales. Pero para el intelectual, escritor, o artista del tercer mundo, en el caso nuestro de América Latina y América Central, el reto consiste en desarrollar estrategias creativas, innovadoras e interdisciplinarias de resistencia cultural y de sobrevivencia identitaria, acudiendo fundamentalmente a la riqueza de las culturas populares, cantera inagotable de la fuerza de nuestros pueblos y etnias, preferentemente en el nivel local y regional, ante la arremetida de la globalización neoliberal/imperialista.
Ese es el reto que nos plantea la coyuntura actual. Reto que pasa por la reactivación de la promoción cultural, tanto en términos conceptuales como en la praxis de la misma acción cultural. Para ello debemos trascender las fórmulas “híbridas” al estilo García Canclini con sus políticas culturales de negociación y transacción, para reinterpretar las nuevas configuraciones en los diferentes campos culturales. Esa reinterpretación solamente se dará, obviamente, en el encadenamiento de la teoría con la practica. Dicho de otra manera: habrá que retornar a los sectores populares, pero ya no en términos del extensionista o del intelectual / artista iluminado que llega a entregar sus productos para “educar” y “concientizar” al pueblo. No, se trata de establecer nuevas relaciones donde el intelectual y artista sea un mediador, un facilitador, que entrega las categorías conceptuales básicas y los elementos de la producción artístico/cultural a los sectores subalternos, para que sean ellos quienes desarrollen creativamente sus propias propuestas desde un “empoderamiento” colectivo. Debemos superar el patriarcalismo cultural para pasar a la acción concertada, donde los sectores populares sean los verdaderos protagonistas.
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